Encontrar un libro de Paco Umbral en Venezuela equivale a hallar una aguja en un pajar. Es una rareza, algo extraordinario. De ahí que dondequiera que vea alguno, sea cual sea el precio, siempre lo lleve. Porque con Umbral pasa una cosa –al menos hasta ahora-: no decepciona. Puede estar mejor o peor, pero siempre dentro de un nivel aceptable.
Eso ha sucedido con ’Los metales nocturnos’, novela que conseguí en una feria de libros usados a un precio irrisorio y en edición de tapa dura. En ella nuevamente Umbral vuelve a tres de sus temas favoritos: la noche, Madrid y la jet. En eso me recordó un poco a El Giocondo, solo que esta vez el protagonista es ya un hombre maduro, que vive una noche intensa en el Madrid de, quizás, finales de los ochenta, rodeado por una variopinta y sórdida gama de personajes en decadencia –la mayoría ya mayores; la única joven, muerta−.
El protagonista del libro es un escritor, también en decadencia, que narra todo en primera persona. Después de ese recorrido intenso por la noche madrileña, de vivir cualquier cantidad de experiencias, termina metido en la cárcel, y ahí comienza una especie de transformación –diríase redención, de no ser por el marcado sentimiento antireligioso de la obra−, que lo lleva a preferir el encierro y la privación –se niega a escribir, no sea cosa que, piensa, le salga una obra mística− a la libertad. “Me condenan a la calle. No sé si podré soportarlo”, dice al final.
Sin embargo, más allá de las acciones y los hechos, son las descripciones y las reflexiones las que hacen de este un buen libro. La prosa umbraliana se despliega a su antojo y nuevamente deja frases inmarcesibles, párrafos magistrales y escenas memorables. Los pocos diálogos del libro están llenos de una deliciosa y fina ironía. Escasamente llega a las 200 páginas, pero cumple con aquello que “de lo bueno poco”, porque más que para leerlo, es para deleitarse y saborearlo lentamente.
Valoración 7/10
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