Porque recientemente me he impuesto una severa disciplina que me impide dejar libros a medias es que he logrado terminar El huerto de mi amada, de Alfredo Bryce Echenique, ya que de lo contrario –y miren que la tentación fue grande− lo hubiera dejado a la mitad. El libro no me ha gustado pero nada. La trama, que podía ser interesante –un adolescente de sociedad que se fuga con una treintañera en la Lima de los cincuenta−, se pierde con un protagonista que lo único bueno que tiene es el nombre, Carlitos Alegre, porque de resto resulta ser un personaje demasiado irreal e inverosímil, tanto, que ni a pintoresco llega. Lo mismo pasa con los mellizos “amigos” de él, cuyas desventuras, destinadas a poner el toque humorístico, me aburrieron.
El libro no me lo creí –nunca un amor a primera vista fue tan falso−, y puede que de ahí se derive su fracaso conmigo. No me sentí nunca en la Lima de aquellos años. A mi juicio –entre otras cosas− le faltó contexto, crear atmósfera, algo de descripción y adentrarse un poco más en las vicisitudes, sentimientos y dilemas de los personajes, y de lo que significaba una aventura así en tal época.
Lo único destacable es el estilo de Bryce, confuso, anárquico, desordenado, coloquial…muy propio. Pero eso no basta para hacer buena esta novela, ganadora, por cierto, del Premio Planeta en 2002, no sé si porque las demás eran muy malas, o es que el premio lo es.
Valoración 4/10
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